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BELLAVISTA
 

De acuerdo a la historia oficial de Bellavista, alrededor de 1870 llegaron los primeros coloniza- dores al sitio denominado Pitapongo, a orilla del río Santa Rosa, y levantaron un pequeño puerto fluvial con el nombre de Botadero, al que luego le agregaron su original, Pitapongo. Pequeñas canoas y balsas surcaron el río llevando productos de la zona hasta Santa Rosa. El comercio articulado con otros poblados a través del camino real, hizo florecer a Botadero Pitapongo. La calidad de las maderas crecidas en su entorno permitió la construcción de amplias y elegantes residencias. Argumento suficiente para que cl general Eloy Alfaro aprobara en 1907 su categoría de parroquia con nombre nuevo, que hiciera homenaje a su aspecto, Bellavista.

Pero ese mismo río que llevaba la bonanza, un día de 1926 aumentó su caudal de manera inusitada después de un espan­toso aluvión y se desbordo. Las firmes residencias con sus corrales y pertenencias fueron arrastradas sin clemencia por la furia del agua. Los años de trabajo premiados con propiedades y bienes, se desvanecieron como calendarios viejos. Tras la desolación sólo quedó de pie el carácter de la gente y sus ganas de seguir adelante.

Entonces buscaron lugar más seguro, alejado del impredecible río, para refundar el pueblo. Pudieron rescatar algunos materiales y armaron con ellos sus provisionales viviendas en el sitio donde continúan resistiendo otros inviernos crudos y algunas invasiones. Las casas fueron mejoradas y embellecidas, hasta convertirlas en los monumentos arquitectónicos y refugios de leyendas, que se contemplan a lo largo de la carretera.

En 1941 parte de la población repitió otro éxodo para escapar del terror que emanaba del ejército usurpador peruano. Salieron confiados en un pronto regreso y enterraron sus bienes y enseres. Salvaron lo principal y luego establecieron una relación más respetuosa con el ejército de ocupación, al punta de establecer alianzas matrimoniales, cuyas descendencias sobreviven. Ellas y sus paisanos de Bellavista aprendieron a vivir con la amenaza, que al parecer ha sido conjurado. Pero no perdieron su calidad hospitalaria y el afecto a sus obras, que cuidan con mucho esmero. Saben que conservar las evidencias de épocas doradas no alude quimeras irreversibles, si no, provee fortalezas para el futuro.

La arquitectura en las villas de bahareque y madera sobresalen balcones adornados con balaustradas de madera; dinteles calados, simétricos, arabescos; columnas decorativas culminadas en capiteles dóricos; sobre ellas estilizados frisos y más arriba, cornisas de formas geométricas. Las ventanas están protegdas con las tradicionales persianas de madera, elemento clásico de la arquitectura costeña. Amplias escaleras dan acceso al segundo piso donde se distribuyen las habitaciones con mucho talento, a fin de no perturbar la reserva familiar. Los tumbados están pintados con grandes franjas de vivos colores.

Las familias Lozano Orellana, Aguilar Lozano y Lozano Barnuevo protegen esta reserva patrimonial. La fuente de su fe emana de Cristo Rey, su patrono, custodiado en la iglesia, otra joya de la arquitectura meridional. Breve síntesis de una larga historia inscrita en estas joyas expuestas al margen de la carretera.
 
 
FOTOS
 
 
CASAS

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BALCONES
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CASAS
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CASAS
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CASAS
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INTERIOR IGL.
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INTERIOR IGL.
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INGLESIA
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